martes, 18 de septiembre de 2012

Fotos de Barcelona (de Instagram)

Con el Pirata nos casamos (yupi!) y para celebrarlo nos fuimos de luna de miel a Barcelona. Se puede escribir mucho de esta ciudad, pero voy a hacer mi regreso a las canchas bloggeras cautelosamente y dejar que las fotos hagan todo el trabajo.

P.d. Gracias a mi amiga Silvana por incentivarme a volver a escribir.


Pirata y yo <3



















lunes, 2 de abril de 2012

Book Exchange


Desde el final de nuestro viaje que he querido escribir sobre esto. Al principio del viaje, nunca pensé que se convertiría en algo importante, pero al final de la travesía puse mirar atrás y ver como el intercambio de libros hizo que toda la experiencia fuese más enriquecedora.

Salimos de Chile en Enero del año pasado y a último minuto decidí agarrar un libro que por años había estado sentado en mi librero y que por fin iba a poder descartar de la lista de libros por leer. Se trataba de "Boquitas Pintadas" de Manuel Puig, un librazo. Desde ahí ese libro se convirtió en el catalizador de lo que sería una seguidilla de lecturas que culminaría en México.


Siempre me ha gustado la idea de que los objetos se desplacen, creo que de a poco me he ido inclinando más por la idea de que las cosas no están hechas para apegarse a nosotros sino que pueden tener una historio (o un viaje) por si mismas, más allá de lo que el dueño original tenga en mente. Hoy no podría decir con ciencia cierta dónde están los libros que leí ni que otras personas han podido disfrutar de ellos. ¿A qué voy con todo esto? A los famosos book exchanges o intercambios de libros de los hostales.

Gracias al libro menospreciado que saqué de mi casa pude tener acceso (casi) gratuito a 29 libros el año pasado, lo más interesante es que todos ellos fueron escritos por autores latinoamericanos. Me costó mucho encontrar libros escritos por latinos en algunos momentos, por lo que los títulos eran aceptados por mi criterio ya fuesen escritos en español o en inglés. En muchas oportunidades no pude ser muy selectiva, más bien tenía que optar por lo que hubiese que cumpliera con lo que buscaba, más allá de su trama, género o incluso calidad material. Lo positivo de esto es que me llevó a encontrar libros que jamás en la vida hubiese leído y autores nuevos, además de ponerme al día con viejos clásicos. También pude leer sobre temas que jamás hubiese pensado que podrían ser interesantes. La gran ganadora de todo esto fue Isabel Allende, aunque nunca me llamaron la atención sus libros y sigo pensando que sus obras de ficción no llegarían nunca a adornar mi librero, encontré un respeto nuevo por sus narraciones semi-autobiográficas, a veces era como escuchar a mi propia madre.

A continuación les presento la lista de lo leído (aunque no cronológicamente), a algunos les voy a dar una pequeña descripción para ver si alguien se anima a leerlos eventualmente.

Boquitas Pintadas (Manuel Puig) Buenísimo, un retrato que sigue fiel al arribismo, clasismo y aspiraciones sociales latinoamericanas.


El amor en los tiempos del cólera (Gabriel García Marquez) Un clásico que nunca había podido leer, y menos mal que lo hice. No vean la película, es ridículamente mala.

Como agua para chocolate (Laura Esquivel) No pude evitar recordar con este libro la clase de Castellano del colegio en que Rubén (el profesor) le preguntó a una compañera con pánico escénico por qué el libro se llamaba así, no voy a dar nombres, pero estoy segura que esa persona lo recuerda como uno de los momentos más traumáticos de la media.

Cajas de Cartón (Francisco Jiménez) Historias autobiográficas de un niño mexicano inmigrando junto a su familia a Estados Unidos, sensibiliza la migración.

Los perros hambrientos (Ciro Alegría) Ciro Alegría fue uno de los grandes decubrimientos de este viaje, hoy leo cualquier cosa que caiga en mis manos de este autor peruano.

Juvenilia (Miguel Cané) Mi primo de Buenos Aires creyó que dejar que los libros viajarán era una buena idea y dejó que este se lanzara a la jungla latinoamericana.

Violeta subió a los cielos (Angel Parra) El libro que inspiró la película famosa del año pasado. Lamentablemente aún no veo la película, aunque escuché que Angel Parra no estaba tan contento con el resultado.

Mi país inventado (Isabel Allende) Ad-hoc para viajes largos.

Hija de la Fortuna (Isabel Allende) 


El beso de la mujer araña (Manuel Puig) Uno de los libros que más disfruté en el viaje, definitivamente queda en la lista permanente de libros favoritos.

La tienda de los milagros (Jorge Amado) Otro muy buen libro, especialmente recomendado a mis amigos cientistas sociales.

Cuentos Latinoamericanos (Varios autores)

Pantaleón y las visitadoras (Mario Vargas Llosa) Antes de Nobel.

El diario del Che en Bolivia (Ernesto Guevara) Partí leyéndolo con mucho entusiasmo hasta que me di cuenta que no había un tema que podría interesarme menos que el funcionamiento de un guerrilla.

Coronación (José Donoso) Una vez me saqué un 7 en un ensayo sobre este libro, pero nunca lo había leído. La verdad no tengo idea qué escribí en ese ensayo.

La bruja (Germán Castro Caycedo) El libro más bizarro que he leído jamás, trata sobre drogas, carteles, magia negra y política en Colombia.

Por donde se sube al cielo (Manuel Gutiérrez Najero) 


Pobre Negro (Rómulo Gallegos) Clásico venezolano, intercambiado por un amigo venezolano.

Limón Blues (Annacristina Rossi) No me gustó mucho, pero fue entretenido aprender un poco sobre como fue el siglo XX en Centro América.

Llamadas telefónicas (Roberto Bolaño) Algunos de los mejores cuentos que he leído.

City of the Beasts (Isabel Allende)


María (Jorge Isaacs) Romance, romance, romance.

La suma de los días (Isabel Allende)


Adiós Muchachos (Daniel Chavarría)


Música de Cámara (Reinaldo Montero) Explícito.

Holy lust (Marta Rojas) Creo que es uno de los peores libros con los que me topé el año pasado.

Elsimore: Un Cuaderno (Salvador Elizondo) La versión mexicana de Juvenilia.

Cambio de Armas (Luisa Valenzuela) La gran revelación del viaje, lejos el mejor libro del año pasado.

Macho! (Victor Villaseñor) Otra mirada de la inmigración, una mirada con más testosterona.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Vamos a las luchas, oh, oh, oh, oh, oh!

(El título debe ser leído con el ritmo de "Vamos a la playa, oh, oh, oh, oh, oh!")

El viernes pasado fuimos a la lucha libre, aquí en la Ciudad de México y la verdad es que no puedo dejar esta experiencia fuera del blog. Al principio íbamos a ir con un tour, porque pensamos que sería más entretenido ir en patota. Pero al final el tour se fue y no los alcanzamos. Finalmente, conversando con gente del hostal, nos unimos a un grupo que iba con una persona de Couchsurfing. 

Este es el tipo de lucha del que hablo. 


Al principio todo fue caos, porque nadie sabía a donde íbamos ni con quién nos íbamos a juntar (y los que actuaban como que sabían más al final eran los más perdidos de todos). Pero cuando nos encontramos con Alberto (el chico de Couchsurfing) todo se aclaró. Nos juntamos unas 20 personas, en su mayoría extranjeros y partimos a las luchas.

Con el tour uno paga como 300 pesos (11.000 pesos chilenos) para que te lleven, te tomes algo en una cantina y te sienten en asientos caros. Nosotros pagamos 3 pesos mexicanos por el metro y 35 por la entrada (que no eran las mejores, pero se veía bien, y uno podía reírse a gusto sin molestar a nadie), bueno, más unos 100 pesos por una cantidad de cerveza exuberante. No había por dónde perderse.

La lucha en sí es un espectáculo de acrobacias y coreografías que imitan los de la lucha de verdad, y los mezcla con dramatizaciones más que exageradas, disfraces que bordan lo kitsch y parafernalias varias. Definitivamente hay que tomárselo con ligereza, algo de humor y un par de cervezas.  Hubo gente en nuestro grupo que realmente pensaban que iban a ver una competencia, y no un show, cuando vieron las coreografías (que por cierto no dejan de ser impresionantes), creyeron que habían descubierto Ámerica diciendo: "¿Pero tú de verdad piensas que están peleando?", mientras los mexicanos los miraban sin comprender si estaban haciendo una broma o si hablaban en serio. Con el Pirata no podíamos atinar a nada más que reírnos y disfrutar el show.

Y las acrobacias eran un poco como esto. 

Para mi, esta es una de las cosas que hay que hacer cuando se visita el D.F. mexicano, no solamente porque es un show chistoso, si no porque además es muy distinto a otros eventos en Latinoamérica. Además, el dramatismo, y, aunque suene como que le busco la quinta pata al gato, el simbolismo detrás de los personajes refleja ámbitos de la cultura local que son difíciles de ver a primera vista como turistas. Por ejemplo, las peleas son de dos equipos, siempre unos representan a los buenos y los otros a los malos. Los buenos muchas veces tienen nombres que reflejan la cultura azteca, o valores relacionados con el esfuerzo, siempre son la figura del "underdog", en cambio los malos, son personajes que han ganado su dinero o su fuerza a través de la explotación del otro, el jefe de los malos tiene esa actitud hasta con los de su propio grupo. Detalles así son entretenidos de ver, aunque sea nublados por la cerveza.

Lamentablemente en este post no tengo fotos propias, porque no dejaban llevar cámaras, desconozco los motivos, por eso saqué un par de internet como ilustración.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

El mítico Estadio Azteca, México D.F.

Con el Pirata siempre intentamos ir al fútbol en los países que recorremos , la verdad es que ha sido una buena forma de conocer otra faceta de la cultura de los lugares en que hemos estado. Hasta la fecha, de los 20 países de Latinoamérica que hemos recorrido hemos ido al fútbol en 11 de ellos, y siempre ha valido la pena (como experiencia, no necesariamente por la calidad futbolística). Por supuesto que México, con su mítico Estadio Azteca no podía ser la excepción.

Desde que el Pirata se enteró de que justo íbamos a estar en la ciudad para el "clásico de clásicos", Chivas de Guadalajara versus Club América, no hubo un día sin que se pusiera a investigar sobre los boletos. Gracias a Dios, no fue tan complicado como en otros lugares (como Brasil, donde la información sobre cuándo y dónde venden las entradas a ratos es media confusa, o Argentina, donde la sobre-demanda hace que conseguir boletos sea todo un parto), sólo bastó con meternos a internet y recoger nuestras entradas en cualquier lugar de Ticketmaster.

El Pirata con cara de depresión entrando al Estadio Azteca.

Pero aunque uno no sea tan fanático del fútbol como el Pirata a mi me parece que ir a un partido en el Azteca debería estar entre una de las actividades obligadas para quienes visitan México D.F., no sólo porque es el estadio de fútbol más grande de Latinoamérica y tercero en el mundo(efectivamente tiene una capacidad mayor que el Maracaná, en Brasil), si no porque además ha sido escenario de grandes sucesos históricos para la historia de este deporte. Es el único estadio en que se han jugado dos finales de mundial (México' 70 y México '86), y sólo ahora en el siguiente mundial el Maracaná podrá jactarse de lo mismo.

Aquí mismo, en el año 1986, se jugó el famoso partido entre las selecciones de Inglaterra y Argentina, cuando Armando Maradona metió su controversial y alabado gol de "la Mano de Dios". Pero Maradona no es el único en haber hecho historia aquí, Pelé se consagró como uno de los mejores jugadores de la historia (si no el mejor) en este estadio en el año '70.

Queda claro lo interesante que es este lugar, la verdad es que para nosotros poder visitarlo en un partido tan importante fue una buena forma de empezar a cerrar este increíble viaje. Lamentablemente, nosotros ibamos por los menos populares Águilas (Club Ámerica), pero Chivas se impusieron 3-1 por sobre los locales.

El Pirata saca una foto como esta en cada estadio que visita. Empezó con pies en los estadios de Inglaterra, y ha continuado su tradición con cualquier tipo de comida/bebida que pueda encontrar en los estadios. 

¡Ah! Y como dato anecdótico, nos encontramos con otra persona que reclama lo mismo que yo: "No soy un PINCHE GRINGO!" Lo encontré chistosísimo!